Cuando alguien nos pregunta si vendemos «lo del código» o «lo de acercar el móvil», casi siempre hay debajo una confusión entre dos tecnologías que hacen lo mismo por caminos distintos.
Merece la pena entenderlas, aunque sea por encima, porque de ahí sale la decisión de qué poner en tu local.
Qué es cada una
El QR es un dibujo. Un cuadrado de puntos blancos y negros que codifica una dirección de internet. El cliente abre la cámara, apunta, y el móvil le ofrece abrir el enlace.
El NFC es un chip. Un circuito diminuto y sin batería, incrustado en la tarjeta, que se activa con la energía que emite el propio móvil al acercarse. El cliente acerca el teléfono y el enlace aparece solo, sin abrir nada.
La diferencia práctica es el número de pasos:
| QR | NFC | |
|---|---|---|
| Pasos del cliente | Abrir cámara, apuntar, enfocar, tocar el aviso | Acercar el móvil |
| Necesita luz | Sí | No |
| Necesita puntería | Sí | No |
| Funciona con el móvil en el bolsillo | No | No, pero basta con sacarlo |
Cada paso que añades pierde gente. Por eso el NFC convierte mejor: no es que sea más moderno, es que son menos pasos.
Entonces, ¿por qué no solo NFC?
Porque no todo el mundo puede usarlo.
El NFC lo llevan de fábrica prácticamente todos los móviles vendidos en los últimos años, pero «prácticamente todos» no es «todos»:
- Hay móviles antiguos o de gama muy baja que no lo traen.
- Hay gente que lo tiene desactivado en los ajustes y no sabe ni que existe.
- En algunos iPhone antiguos la lectura de etiquetas requiere pasos extra.
Si tu único método es NFC, esa gente se queda fuera. Y suele ser gente mayor, que es precisamente la que más se toma la molestia de escribir una reseña larga y buena.
Por qué el QR tampoco vale solo
Porque es más lento y porque tiene mala fama.
Después de la pandemia, mucha gente asocia el QR con la carta del restaurante que no se cargaba. Y hay un problema real de seguridad —códigos QR falsos pegados encima de los buenos para robar datos— que ha hecho que algunos clientes desconfíen de escanear cualquier cosa.
El NFC no tiene ese estigma. Acercar el móvil es el mismo gesto que pagar, y eso la gente ya lo hace sin pensar.
La respuesta razonable
Los dos, en el mismo soporte.
No es una salida diplomática: es que no cuesta nada. El chip NFC va dentro y el QR va impreso encima. Quien puede acercar el móvil, lo acerca. Quien no, escanea. Y quien no quiere ninguna de las dos cosas, siempre puede buscarte en Google a mano.
Todos nuestros soportes llevan las dos, y no cobramos aparte por ello. Si alguien te vende NFC sin QR, pregúntale qué pasa con los clientes cuyo móvil no lo lee. Si te dice que eso no pasa, no ha atendido a suficientes clientes.
Una cosa que sí importa del chip
No todos los chips NFC son iguales, y la diferencia que te afecta es si es regrabable o no.
Un chip regrabable se puede reconfigurar: si cambias de local, de nombre o te crean una ficha nueva de Google, el mismo soporte se reapunta al sitio nuevo y sigues usándolo. Uno bloqueado de fábrica se convierte en un posavasos el día que cambie algo.
Es una pregunta corta y te ahorra dinero a los dos años: «¿el chip se puede reconfigurar?».